A sus 83 años, César Costa revela secretos ocultos y desafíos inesperados: la cruda verdad detrás del ícono del rock mexicano que ha cautivado a generaciones.

A los 83 años, cuando muchos pensaban que ya no quedaban verdades por contar, César Costa decidió romper el silencio y sacudir su propia leyenda. En una entrevista íntima y sin concesiones, el ícono del rock mexicano se quitó la máscara del “eterno joven ejemplar” y confesó que detrás del éxito, los aplausos y la fama, hubo soledad, miedo y batallas internas que casi nadie imaginó.

El pionero del rock en español, nacido en la Ciudad de México en 1941, recordó cómo el triunfo llegó demasiado rápido. Con Los Black Jeans y luego en solitario, se convirtió en un símbolo generacional, pero también en un blanco constante de críticas y presiones. Según sus palabras, hubo momentos en los que sintió que el sistema lo quería moldear, domesticar su rebeldía y convertirlo en un producto perfecto. “Estuve a punto de perderme”, habría admitido, dejando helados a sus seguidores.

Costa reveló que su mayor salvación fue mantenerse lejos de los excesos que destruyeron a muchos de sus contemporáneos. La disciplina, su familia y su formación universitaria fueron un escudo frente a un medio lleno de trampas. Sin embargo, confesó que esa imagen intachable tuvo un precio: aprender a callar, a no mostrar fragilidad y a cargar solo con el peso de las expectativas.

Uno de los momentos más conmovedores llegó cuando habló de su labor como embajador de UNICEF, revelando que ese trabajo le dio un sentido profundo cuando la fama dejó de llenarlo. Ayudar a niños vulnerables —según contó— fue lo que lo mantuvo con los pies en la tierra cuando todo a su alrededor giraba demasiado rápido.

A sus 83 años, César Costa desmiente su muerte - farodigitalpuebla.com

La entrevista también tomó un tono oscuro al recordar pérdidas recientes y el paso del tiempo. César Costa confesó que hoy mira atrás con nostalgia, pero también con una crítica feroz a la música actual, que considera vacía y desprovista de alma. Aun así, dejó claro que no se rinde: sueña con volver a crear, incluso junto a su hija, como una forma de cerrar el círculo.

Más que una confesión, sus palabras sonaron a testamento emocional. César Costa ya no habla como la estrella eterna, sino como un hombre que sobrevivió a la fama sin perder su esencia. Su historia, ahora contada sin filtros, revela que incluso las leyendas cargan cicatrices… y que a veces, la mayor valentía es atreverse a decir la verdad cuando ya no hay nada que demostrar.