Melbourne vuelve a temblar: Djokovic regresa al Australian Open perseguido por el duelo eterno con Nadal y la batalla contra el reloj

Melbourne no duerme cuando Novak Djokovic regresa. Y esta vez, el regreso viene cargado de historia, tensión y viejas heridas que el tenis jamás ha logrado cerrar del todo. El veterano serbio está listo para disputar su 81º Grand Slam en el Australian Open, el escenario donde se convirtió en leyenda… y donde casi dejó el cuerpo en 2012.

Aquel duelo eterno contra Rafael Nadal no fue un partido: fue una prueba de supervivencia. Cinco horas y 53 minutos de agonía pura, golpes interminables y miradas perdidas al vacío. Cuando Djokovic cerró el marcador 5–7, 6–4, 6–2, 6–7, 7–5, ambos campeones apenas podían mantenerse en pie. El amanecer los encontró exhaustos, tambaleantes, como si el tenis hubiera llevado al límite lo que el cuerpo humano podía soportar. Muchos dicen que esa noche cambió el deporte para siempre.

Y, en efecto, algo se rompió… o se activó. Intrigantemente, en los meses posteriores, la ATP reaccionó con mano dura. Nuevas normas. Cronómetros invisibles. Advertencias implacables. El mensaje era claro: partidos así no podían volver a repetirse. El tiempo entre puntos se convirtió en un enemigo silencioso, y todos sabían quiénes estaban en el punto de mira.

Rafael Nadal 'very sad' for Novak Djokovic but steeled for tilt at fifth US  Open title and 23rd slam | Sport | The Guardian

Antes del Australian Open 2013, Djokovic lo admitió sin rodeos, con una mezcla de resignación y desafío. “Nadal y yo estamos en lo más alto de esa lista”, dijo, refiriéndose a los jugadores más propensos a violaciones de tiempo. “Es así. Si me paso de los 20 segundos, no puedo quejarme”. Pero detrás de esa calma aparente, muchos vieron algo más: una advertencia velada, casi una provocación al sistema.

Hoy, más de una década después, Djokovic vuelve a Melbourne con el cuerpo marcado por batallas pasadas y la mente afilada como nunca. El reloj sigue corriendo. Las reglas siguen ahí. Pero si algo ha demostrado Novak Djokovic es que cuando el tiempo intenta detenerlo… él aprende a dominarlo.