El terremoto que provocó la ruptura entre Carlos Alcaraz y Juan Carlos Ferrero sigue sacudiendo al tenis mundial, y lo que parecía una simple decisión técnica se ha transformado en una lucha silenciosa por el banquillo más poderoso del circuito. Cuando el número uno del mundo y campeón del US Open rompe con el arquitecto de su éxito, nada vuelve a ser normal.

De momento, Samuel López, un nombre casi invisible para el gran público, se perfila como el hombre que tomará el mando de manera provisional mientras Alcaraz se prepara para el próximo Australian Open. Pero dentro del vestuario nadie cree que esta sea la solución definitiva. Alcaraz no es un proyecto en construcción: es una superestrella global. Y su próximo entrenador podría definir no solo su carrera, sino toda una era del tenis.

Los rumores no tardaron en dispararse. David Ferrer, capitán de la Copa Davis española, aparece como una opción natural: carácter, disciplina y respeto absoluto del circuito. Carlos Moyá, el hombre que acompañó a Nadal en su transformación final hacia la inmortalidad, también figura en la lista. Sin embargo, hay un nombre que eclipsa a todos los demás, uno que hace temblar al tenis con solo ser pronunciado: Rafael Nadal.
el 22 veces campeón de Grand Slam regrese al circuito como entrenador, apenas un año después de su retiro, ha desatado una locura colectiva. Nadal y Alcaraz comparten una relación cercana, reforzada tras jugar dobles juntos en los Juegos Olímpicos de París. Para muchos, sería el traspaso simbólico del trono, el Rey de la Arcilla guiando al heredero natural del tenis español.

Pero no todos creen en el cuento épico. En su pódcast Off Court with Greg, el ex número uno británico Greg Rusedski fue tajante al apagar el incendio:
“No creo que Rafael Nadal esté en un momento de su vida en el que quiera volver al tour y viajar cada semana”.
Una frase fría. Directa. Pero en el tenis, lo “altamente improbable” suele ser solo el primer paso hacia lo imposible. El banquillo de Alcaraz está vacío, las miradas están puestas en él y el circuito entero espera. Porque si algo ha quedado claro tras esta ruptura es una cosa: el próximo nombre que se siente junto a Carlos Alcaraz puede cambiar la historia del tenis para siempre