En una noche que ya es leyenda, el club de El Escogido se convirtió en un escenario de película cuando David “Big Papi” Ortiz irrumpió entre música, fuegos artificiales y cánticos ensordecedores. Nadie lo vio venir. En medio de la celebración por el título de la LIDOM 2024–2025 ante los Tigres del Licey, una lona negra cayó al suelo revelando una Cadillac 2025 exclusiva, descrita por testigos como una edición “jamás vista en el país”, valorada en más de 15 millones de pesos. El destinatario: Albert Pujols. El impacto fue inmediato; el estadio quedó en silencio… y luego explotó.

Según versiones que ya circulan como pólvora, la idea nació tras un pacto secreto sellado en el juego final: Ortiz, encendido y decisivo, habría prometido “algo que el béisbol dominicano nunca olvidaría” si El Escogido levantaba el trofeo. Cumplió. Entre abrazos, lágrimas y cámaras temblando, Ortiz declaró que el regalo no era por la victoria, sino por “una carrera que cambió la historia del béisbol latino”. Algunos incluso aseguran que la Cadillac llegó escoltada y bendecida horas antes, como si se tratara de un trofeo sagrado.

Las redes ardieron. Ídolos, fanáticos y exjugadores hablaron de hermandad, de lealtad, de un gesto que trasciende el dinero y se convierte en símbolo. Pujols, visiblemente conmovido, agradeció con voz quebrada y una promesa: “Esto no se paga con palabras”. Lo ocurrido ya es mito moderno del deporte caribeño, una postal eterna donde la amistad pesa más que los anillos.